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¿Qué es la realidad virtual? ¿Cuál es ese nuevo espacio en el cual estamos sumergidos cuando utilizamos la red? ¿La conectividad y la simultaneidad de la red hacen que nuestra perspectiva de ver el mundo real cambie? ¿Cómo lo hacen? Pues bien, todas estas preguntas y muchas más son las que se cuestiona Jaime Alejandro Rodríguez, docente de la facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, en un foro abierto que realizó sobre el relato digital. Para comenzar, debemos tener claro que la realidad virtual ha sido propiciada por innumerables factores que nosotros hemos acogido y hemos interiorizado en nuestro estado de inercia para convertirla en, quizá, nuestra nueva y única realidad. La realidad virtual, según Diego Levis, citado por Rodríguez, en su libro Los video juegos, un fenómeno de masas (1997), puede definirse como “una base datos gráficos interactivos, generados por un ordenador, explorable y visualizable en tiempo real bajo la forma de imágenes de síntesis tridimensionales, dando la sensación de inmersión en la imagen” (p. 149). Lo virtual, por otra parte, es tan solo aquel espacio que la red crea para renombrar la realidad de otra manera y así entender que ya no estamos en un espacio que podamos tocar, sentir, que sea tangible.  El espacio virtual, con el que ahora tenemos alto contacto, ha inventado una creación digital, el hipertexto. En este nuevo espacio virtual su representación es posible solo mediante técnicas digitales. La creación del arte en el espacio virtual también ha sido modificada ya que el espectador se confunde con el autor de la propia obra. Ya no se diferencia el creador del espectador, ya que este último se involucra en la obra digital, participa en ella, actúa sobre ella, la inserta a su vida y se desplaza dentro de ella y dentro del mundo simulado con total libertad, convirtiéndose a veces en el propio creador de su gran invento.  

Pero la realidad virtual es tan solo una de las maneras que en el siglo XXI se hibridan lo virtual y lo real, para crear un monstruo que, frente a nuestro ordenador, nos hace sus esclavos y nosotros felices aceptamos que sea nuestro amo. En este foro, Rodríguez nombra otros seis espacios posibles en el ciberespacio descritos por Phillipe Quéau, que son: la realidad virtual, la realidad aumentada, la realidad virtualizada, la telepresencia, la televirtualidad, las comunidades virtuales y el meta-mundo de la web. En estos casos, expuestos por Quéau, el concepto de lugar adquiere una dimensión puramente lingüística, cambiando nuestra interacción con el espacio. 

Por otra parte, en estos nuevos espacios virtuales también se hace posible una nueva narratividad, que nace de ensayos y experimentos con una nueva herramienta de expresión más que un género como tal. Esta nueva narrativa nace de los hipertextos de ficción. Pero esta nueva narrativa que nombra Jesús García Jiménez no tiene la supervivencia asegurada, ya que no tiene su función y especialidad definidas. Los escritores (al mismo tiempo lectores) deben ofrecer nuevas alternativas que proporcionen tipos de expresión diferentes y ofrezca a los otros lenguajes amplias alternativas.

Para finalizar, en este mundo en donde ya la presencia es intangible, donde podemos estar (sin estar) en cualquier parte, nace un nuevo concepto vital: La inteligencia conectada (IC). La aparición de este nuevo término es atribuido a Derrick de Kerchove, quién lo promulgo gracias al advenimiento de una nueva masa de interconexiones creadas por, para y en las redes. Aquella inteligencia de la que habla Kerchove es, en estos tiempos de tecnologías y comunicaciones, fundamental. Saber conectarse a la red, saber navegar y estar constantemente cambiando información (retroalimentación) puede ser la clave para ser exitoso, un buen gerente, un buen líder, una persona informada y actualizada, una persona que va al ritmo que el mundo le exige. Un mundo que no trota, corre y lo hace a velocidades inimaginables en un territorio real y, sobre todo, virtual.

Socializar, hablar, estar, permanecer...Desde mi punto de vista, la realidad virtual ya está implicíta en nuestra vida cotidiana. Queramoslo o no la generación que nació con esta nueva ola de tecnología esta por lo minímo 2 horas diarias sumergida en la red. Estamos en frente de un ordenador y tenemos la necesidad de estar conectados a la red, a la web 2.0, tenemos esa necesidad que vino con nosotros de socializar, de conocer, de investigar. La realidad virtual dejo de ser algo desconocido para adentrarse en lo más profundo de nuestos conocimientos y hacernos sus esclavos. la eralidad virtual, el espacio virtual y de por sí lo propiamente virtual está en frente nuestro pero es intangible. Es una masa invisible que no logramos descifrar por qué se nos he tan necesaria. Y es que si seguimos a este paso ya no seremos seres humanos de carne y hueso, si no simples ologramas, simples productos del fantasma que llegó para quedarse: la realidad virtual.

 

 

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